Estos salones de la secretaría de Economía nacional, y se apiñan cada vez más todos los ingresos y egresos de la nación. Las instalaciones… ¡je! deberían ser un edificio gubernamental, son más bien una tenebrosa y húmeda bodega confiscada y readaptada por el estado.
Sabr. Rno. Pasa a caja 333… punto… teclas… 789,000 pesos perdidos por inundación campo 281jk, fecha 12/1/89. Pasa a archivo 1290456, señor Jorge Enrique Estrada.
En el “congelador”, como le llamamos todos a esta ruina de edificio. No recuerdo quien le habrá puesto así. Creo que fue por el frío y la humedad del ambiente, o por la sensación de que dentro de esas renegridas paredes de ladrillo blanqueado con cal es de cierta manera una morgue en vida. Esto tan harto del blanco.
8745% de la cifra estimada, no es 8746%. Por lo que le da un total de 781 millones de que… ¿de qué era?
Esta es la jaula de 234 trabajadores de planta y 37 temporales, catorce horas diarias, lo cual es 84 horas a la semana, lo que sería 336 horas al mes, o 4032 horas al año. Fácilmente unas dos terceras parte de mi vida, suponiendo que muera pronto. Esta vida, que se ve sumergida dentro del sistema económico nacional, que ve en nosotros la grandiosa habilidad de ahorrarse el trabajo de cuanto gastó algún diputado en el viaje “oficial” a Viena (que por cierto llevó a toda su familia, ¡malditos cerdos!), o saber cuanto más se puede aumentar de precio la carne, la que de por sí, solamente un 5 % de la población puede comerla regularmente, sin que esta misma note que en apenas cinco meses esta ya ha aumentado un 78% en dos meses. No les importa, tienen ellos son lo que la venden.
Un trabajo desdichado. ¡Demonios concéntrate! 781 000 000 de pesos bruto ahorro interno. Pase a registro caja 68. Notariar segmento párrafo 19 de registro.
Grandes son las cosas que hacemos dentro de esos cuatro muros de diez metros de altitud. El rico se hace más rico y el pobre sigue extrañamente igual. El milagro consiste en que cada vez hay más pobres y menos ricos. Así los ricos que quedan tienen que cuidar de que los demás vivan, milagrosamente, pero vivan; pues vale más un hombre pobre que un hombre muerto, ya que los ricos no están dentro del negocio de funerarias; y roguemos a Dios por que nunca se interesen en él. Si no, seguro empezarán alguna guerra por estupideces o esparcirían una epidemia mientras ellos huyen a Irlanda.
127 382 registro, toma clave RETe.56, pide pase caja… ¿88 o 89? ¿Cuál de las dos toma este tipo de registro?
Como las abejas, si siempre me imagino a los 271 hombres encerrados aquí como si fuéramos alguna clase de abejas. Me pregunto si estas prueban de la miel que hacen. Creo que más bien ellos la hacen y la que saca el jugo es la reina, no recuerdo bien. La reina… la reina… pues sería definitivamente el señor contador, su excelencia, el milord, el rey Zambrano de Alba… Zambrano… Zángano de Alba…
Y hablando del rey de Roma, y el desgraciado se asoma. ¡Hay que no me esté viendo a mí!
El hombre repulsivamente correcto, de cadavérica presencia, asemeja una visión post mortem. El señor, es el motor de todo la máquina humana-calculadora que significa la secretaría. El emperador de la congeladora, que gobierna desde un piso flotante, construido y afianzado al techo del mismo edificio, planeado estratégicamente para observar minuciosamente hasta el momento más mínimo de los empleados. El hijo de su puta madre.
FMT, se aproxima aumento de comisión por caso a jueces en embargos categóricos y de servicio al demandante. Aumento aconsejable y sostenible del 23%. A robar… que vayan y roben a su…
¡Ándale! Tiene un recibo beige en la mano. Zambrano tiene un beige. Esos son de mi escritorio.
Le calculo unos setenta y cinco años de edad. Cómo le tenemos tizna al desgraciado. Yo creo que por eso nadie lo ha visto bajar desde su piso, sin embargo su extraña silueta siempre está ahí, en la ventana, vigilando sigilosamente, como una gárgola o un cuervo hambriento. Cuando alguien alza la mirada a ese balcón de vidrio semipolarizados podría jurar y perjurar que él lo está viendo a los ojos. Pareciera que estuviera esperando para que cometas un error. Cualquier diferencia de porcentajes, o suma de dividendos, es un preteti, pues así, él entonces, tomaría su micrófono, y con aguda y metálica voz gritaría su deshonrosa despedida de la secretaría, como él sádicamente dice.
El recibo beige y su frente fruncida. Lo tiene entre las manos, lo está apretando. Me encantaría apretarle el pescuezo. ¡Madre, creo que va a tomar el micrófono!
Quizá, a la primera esta deshonrosa despedida podría sonar como una bendición caída del cielo, pero no es así. La mayoría de nosotros somos viejos, ya no podemos trabajar en otra cosa. Todos fuimos empleados en los 70s, cuando éramos jóvenes con bríos suficientes para llegar más alto, sin embargo, este trabajo mata, poco a poco, en cada informe, cada pagaré, cada hoja tiene su pequeña dosis de veneno aniquila-esperanzas. Lentamente. Este proceso es lo suficientemente lento para despertar y ver al espejo, con los ojos desorbitados, tus arrugas y caer en la cuenta que el día de ayer fue idéntico a los de la semana pasada, de los del año pasado, y por consiguiente será idéntico al de hoy. Es y será igual, incluso si te mueres en el escritorio.
Ya lo tomó, y está buscando… mi nombre, mi nombre en su lista de empleados. Si me lo encontrara, si me lo encontrara a se puto en una noche oscura, sólo un golpe. Tan sólo ocuparía un buen guantón por años y años de tiznarnos todos los días.
Muchos se han ido por su propia cuenta o fueron despedidos. Ellos ahora trabajan en el servicio de correo, llevando y trayendo sacos llenos de cartas y paquetes pesados que varían entre los 80 y los 120 kilogramos. Algunos no han tenido suerte, si se puede llamar a sí, y han quedado desempleados. Son desechos del sistema ¡y aquella gloriosa organización sindicalizada que no prometía un pequeño paraíso para cada uno? ¡Mafia! ¡Buitres! Ahora se que lo tendré “el pequeño paraíso”, pero no en este mundo.
Mis manos están sudando. Ya encontró mi nombre.
Hector Xavier Velazco, Hector Xavier Velazco, sección 23, venga a mi oficina-
Ni modo sabía que algún me llamaría a mí. Sólo acabo esta suma para que luego no se me vaya el hilo de lo que estoy haciendo. 28,965,000 de la publicidad al partido más el interés del préstamo de… ¡Pero qué estoy haciendo! ¡Que idiota soy! Si me llamó para despedirme, porqué demonios a de importarme que gastó el partido del gobierno en la campaña publicitaria pasada. Ahí voy.
Voy caminando por le pasillo principal, a mis lados, un mar de escritorios, todos agachados, todos ocupados. Algunos que oyeron mi llamada me dedican una mirada de reojo entre las pilas y pilas de registros, gris, azul claro, azul fuerte, rosas, amarillos, blancos, y beige, tenía que ser por su puesto el beige.
Más de veinte años y nunca caminado por este escritorio, por estas escaleras metálicas en dirección a su oficina. Dios mío, ¿y si me despide? ¿Qué haré? No tengo ya dinero en el banco, lo último lo gastamos en la neumonía de Lupita, no podíamos confiar en la seguridad social, no después de cómo trataron a su madre. Mi Elena, que se nos fue por un descuido de ellos, no había medicamentos me dicen, cuando hacía una semana había visto la contabilidad del botiquín de ese hospital. ¿Y las medicinas? No sabría decir a donde fueron a parar, solo sé qué pasó con el dinero y en qué bolsillo apareció por acto de magia. ¡Chingados recuerdos! ¡Chingado, me acerco a su puerta!
Por debajo de la puerta pasa el aire a presión de la calefacción, la cuál no conocemos nosotros. No se si tocar… me gustaría más tirar la puerta a patadas, sorprenderlo por la espalda, romper la ventana de vidrios polarizados y aventarlo, sujetándole de un pie. Chillaría como un puerco, me diría “no me mates, ¿qué te he hecho?”, no lo subiría hasta que pidiera algo ” por favor”, luego lo bajaría hasta el primer piso y lo entregaría a mis compañeros para lincharlo entre todos. Me gustaría más, muchísimo más; pero mejor toco.
Pase, pase señor Velázquez- me dice el desgraciado, y para colmo confunde mi nombre, ni por veinte años de firmar mis registros. Entro por fin..
Velasco, Hector Velasco, señor Sambrano de Alba- Mientras Zambrano sólo movió su cabeza en seña de afirmación, no se ha parado del escritorio ni ha apartado la vista del recibo.
Ya en otro tono, me dice: -Siéntese señor Velasco, siéntese- No me despedirá parado, de eso estoy seguro. Me acerco. Sobre la barra de su pequeño mini bar veo un retrato, es su hija, creo, pues se parece a él. Aparece retratada a contraluz con un vestido rosa, un ramo de flores en la mano izquierda y un sombrero estilo francés. ¡Pobre niña, es como si él tuviera una peluca puesta! Estuve a punto de soltar una carcajada. ¿Y si lo hubiera hecho?
Tomo asiento, él suelta un suspiro de enfado y pone el recibo beige, ¡El bendito recibo beige!, en el oscuro vidrio del escritorio. –Tómelo señor, tómelo- Lo veo y ante mis ojos se desvanecen todas mis preocupaciones y se dibuja una ligera sonrisa en mis labios.
-¿Señor Velasco, reconoce que este recibo beige pertenece a su cubículo?
-Sí, ciertamente señor, es de mi escritorio, pero…-
-¿Y reconoce el nombre de expedición que aparece no es suyo? -
-Sí señor, aquì dice Luis Alberto Fabián. Él es mi compañero de escritorio, lleva aquí poco tiempo. -
-Eso ya lo se, es hijo de un buen amigo mío, le sugiero que le aconseje sobre las grandes faltas de ortografía que hay en todos los párrafos. Adiéstrelo bien, que dentro de un par de meses será el chico será encargado de su subsección. Es bueno irse llevando bien con sus futuros jefes, no lo cree señor Velázquez. -
-Si, claro señor. No hay problema.-
- Pues ya está, váyase-
Levantándome apresuradamente para salir de una vez por todas de esa tenebrosa oficina, con ademán de cortesía, entre dientes, digo: -Si señor, gracias por su observación, regresaré a mi trabajo-
Desgraciado, todo eso por unas simple faltas de ortografía, porqué no le habla él al tarugo ese y le dice de su cochina escritura. Espera… mi jefe, un niño de veintitantos con mierda en la cabeza y que todavía no le acaba de salir el bigote, hijos de pe…
-Señor Velasco… – me grita Zambrano. ¡Jijoles!, por un momento pensé que me había leído el pensamiento, pero no puede ser ¿o si?. – Señor Velasco cierre la puerta, que el aire caliente se escapa-
UFF, Uff otra vez. Instintivamente, después de tantos sustos, digo: -Si señor , perdone, buen fin de semana. Gracias.-
Nunca antes había hablado con Zambrano, nunca había entrado a su oficina, nunca le había dicho “gracias” y nunca antes había tenido tantas ganas de tomar una piedra y partirme yo mismo el hocico por pendejo.
En fin, 28,965,000 de la publicidad al partido más el interés de la compañía electoral a causa del mismo fin (¡he! Ni ganaron las elecciones) ¡Que ganas tengo de partirme el hocico!